martes 20 de enero de 2009

Catálogo de carácteres II

Querubín

Estaba durmiendo una noche cuando sentí algo en la pierna. No desperté hasta que reconocí a mi hijo levantándome el pijama y sobándose contra mí. ¡Qué haces!, le dije, y él no se avergonzó ni ná. Se levantó y se fue a su cuarto. Yo sabía que hacía maldades, travesuras de chiquillos, no sé, robar radios, por ahí vender móviles, pero no más que eso. Esto de la desviación sexual no sabía. Cuando me dijeron que en la escuela había hecho eso no lo podía creer. ¿Qué hizo, señora? Dicen los profesores que uno de ellos lo encontró penetrando a otro chico más pequeño en el baño, y que tenía a otros mayores que él, obligados a que le hicieran felaciones. Pero lo peor no es eso. Un día lo pillé violando al perro en la casa. ¿Pero no es por esto que lo trae hasta aquí, no? Es que intentó pegarme la otra vez y llamé a la Guardia civil.La educadora hizo pasar al joven. Por la puerta entró un niño enjuto cuyo rostro adusto, al ver a su madre allí, se desencajó, sus ojos brillaron. La madre abrió los brazos, el niño corrió hacia ella. Ambos lloraron abrazados bajo el neón de la oficina.