
El crimen lo comete de este modo: Una pareja sufre la muerte de su hijo pequeño tras caer desde una ventana, mientras éstos follaban en la habitación contigua. Desatado el drama comienza el luto y con ello la descomposición de la pareja y de cada uno, hasta el extremo colérico y exagerado de la inmolación, la tortura y el asesinato. Todo, en un clima maestralmente configurado como una pesadilla, donde la naturaleza es representada como un frío ente ubicuo, ya no sólo indiferente al dolor humano y a sus escalas de valores, sino abocado a que el ser humano admita su condición frágil, incoherente y por tanto, animal.
Aquí forma y contenido quieren ser un mito o más bien la actualización del mito de Adán y Eva, donde la culpa no es más que un detonante, no la causa, no el efecto, sino la señal de un equívoco supremo en el que el bien y el mal son auténticos cazabobos. El feminismo como una venganza, la naturaleza como depredadora, la moral como un error.
En El Anticristo de Nietzsche éste dice que la Iglesia Católica invirtió los valores del cristianismo propuestos por Jesús mediante lo que llama la transvaloración o proceso mediante el cual una doctrina se
convierte en el contrario de lo que proclama. A modo de grueso ejemplo: mientras Jesús proclamó el amor, la Iglesia persiguió y aniquiló todo lo que considerase contrario a su poder en la tierra. Nietzsche tenía la esperanza puesta en el personaje, Cristo, que encarnó al superhombre. Y fue aún más allá: denunció el corrupto nacimiento del cristianismo como una venganza contra el Imperio Romano. El apóstol Pablo habría puesto en marcha una maquinaria perversa desde su origen, por ello, Nietzsche afirma que el único cristiano ha sido el propio Jesús.No sólo el nombre tienen en común las creaciones de Nietzsche y de Lars Von Trier. Ambas proponen una nueva lectura de uno de los mitos fundacionales de la cultura occidental. En ambas el ser humano acaba siendo depredador de sí mismo y en ambas la sospecha y la desconfianza hacia el propio ser humano pretenden agredir el antropocentrismo que desde el Renacimiento se ha impuesto como la perspectiva que ordena el mundo en Occidente.
La potencia de las imágenes de El Anticristo de Von Trier hace que se proyecten en el tiempo y continúen girando. Una de ellas me produjo una sensación especial, como de haber presenciado una escena antes vivida en un sueño. Tan ambigüa que pese a su crudeza contiene un toque insoslayable de sarcasmo que me produjo una risa rápida y fugaz y se deshizo igual que llegó. Un zorro yace oculto en la hierba y al ser descubierto por el protagonista devorando sus propias entrañas, dice con voz de ultratumba: 'EL CAOS REINA'.





